Cihuri visto por Roberto Iglesias

Artículo sobre Cihuri aparecido en el libro "La Rioja de cabo a rabo. La Cuenca del Río Tirón", publicado por el periodista Roberto Iglesias Hevia  en noviembre de 1980.

a historia de la villa de Cihuri, situada en la llanura que forma la cuenca baja del río Tirón, entre las Peñas de Gembres y las Conchas de Haro y los términos municipales de Casalarreina y Cuzcurrita, se remonta a los tiempos del primer conde castellano. Fernán González, quien en el año de 947 hizo una donación al Monasterio de San Millán de la Cogolla de un, monasterio dedicado a San Juan Bautista en el lugar de Zifiuri, en la ribera del Tirón. El dato se puede hallar en el libro 9, capítulo 3.0, número 3 de los Anales de Navarra.

La Rioja de cabo a raboEn 1075, los reyes de Pamplona, Nájera y Barrocia, don Sancho y doña Placencia, hallándose en San Millán, donaron al monasterio una granja en Urturi y otro lugar llamado Zagazabar, que ahora se llama Zaharra y es un término cerca de Ciguri. Al monasterio de San Millán fueron haciendo donaciones de propiedades diversos señores de Cihuri, como Sancho Ortiz y Orbita Aznares, en el año de 1 080. El 4 de agosto de 1085, el rey Fernando de Castilla y su esposa, Sancha, confirman la donación del primer conde castellano, ampliando dicha donación con "entrada V salida, con tierras, viñas, huertos, molinos con los productos de las aguas, sauces con arbustos, frutales y todos los prados y todo lo que pertenece 0 deberá pertenecer a dicho monasterio y villa establecemos conceder con toda su integridad y origen".

Todos estos datos que nos ha proporcionado el corresponsal de Nueva Rioja, Eliseo Ortiz, confirman que Cihuri fue una villa, cuyo título donó Fernán González, que perteneció al monasterio de San Millán, y el abad nombraba alcalde, siendo él mismo señor de la villa con todos los privilegios que ello suponía.

Cihuri estuvo, pues, ligada al monasterio de San Millán de la Cogolla hasta que fueron extinguidas las órdenes religiosas en tiempos de Mendizábal a mediados del pasado siglo.

Esta dependencia absoluta del monasterio ocasionó no pocos pleitos y litigios entre los cihureños y el abad. Tanto es así que en el año de 1077, el abad don Bias envió al rey Alfonso VI una queja contra los hermanos Pelayo y Gonzalo Sarracínez, colonos cihureños, que se negaron a servir al monasterio en las labores y demás servidumbres propias del señor. El abad don Bias y sus monjes fueron a ver al rey y éste, tomada nota de los rebeldes, remitió la causa a su merino, el cual, oídas las partes, sentenció a favor del monasterio. Pero no concluyó el pleito, como era de esperar. Gonzalo Sarracínez mató al legado del rey, que se llamaba Fortún Manco, ya pesar de su fiador Fortún Fortúnez, que entregó 250 sueldos de fianza, no hubo acuerdo. Los dos hermanos tuvieron que salir de Cihuri y nunca más se supo. Pero la herencia de los Sarracínez quedó en el ánimo de los cihureños.

Los más viejos de la villa recuerdan que hace no tantos años, en nuestro siglo veinte, los vecinos se negaban a pagar al recaudador de Hacienda, y éste tenía que ir acompañado de la Justicia si quería hacer cumplir la ley. El asunto tomaba visos de guerra fría. Un vecino, por riguroso turno, vigilaba desde el campanario de la parroquial de San Juan Bautista la llegada del recaudador. En cuanto asomaba su figura por el camino de Casalarreina, el centinela tocaba campanas con un volteo especial, que era la señal. En menos de un minuto, la villa quedaba sin un alma en las calles. Todos los vecinos se metían en sus casas y echaban el cerrojo. Al recaudador no le quedaba más remedio que ir en busca de la Justicia. Pero los vecinos, si el recaudador venía solo la vez siguiente, volvían a repetir la operación, con lo cual el asunto tomó visos de comedia y benévolo choteo, que se extendió por toda la comarca.

El humor cihureño se tiñe de una fina ironía que hoy, en la actualidad, se nota a las primeras de cambio. Una jota castellana y muy antigua que cantaban los mozos del reemplazo del 12, aquellos que iban a Africa a combatir al moro, dice:

"Soy de Cihuri, soy de Cihuri, soy de Cihuri y no me pesa.
Los domingos no trabajo y los lunes guardo fiesta".

La laboriosidad cihureña nadie la pone en duda y ellos mismos tienen a gala el ser buenos agricultores y tener las tierras a punto y bien cuidadas. Pero el buen vino de la cepa cihureña ayuda a descansar el lunes. Los lunes de principio de siglo la tierra podía esperar, por el invierno. Ellos lo cantan. Por algo será.

El término municipal de Cihuri, tiene una extensión de 9,71 kilómetros cuadrados y una altitud media en la villa de 486 metros sobre el nivel del Mediterráneo en Alicante. Se entra en Cihuri, una vez recorridos los tres kilómetros largos desde el empalme con la N-232, por un puente decimonónico sobre el Tirón. El muro de la margen izquierda se alza sobre una roca hueca, y los cihureños tienen cierto miedo a que un día ocurra alguna desgracia. Dicen que hasta ocho metros de vacío hay en esa parte. Se observa en esta época del año una preocupante contaminación del río. En las aguas flotan loínas muertas, y los barbos y las truchas no tienen la vivacidad habitual. Existe un coto de pesca para la villa y otro de caza, donde abunda la perdiz, el conejo y la codorniz.

Se cruza por la Plaza de la Samaritana, donde una casona de piedra sillar, que antes fue la rectoral, ha sido comprada por el Ayuntamiento para habilitarla como Casa Consistorial. Cihuri carece de edificio municipal y ahora los plenos se celebran en las escuelas situadas en la carretera hacia Anguciana, y muy cerca, la plaza mayor de Cihuri, que está dedicada al otrora famoso doctor Asuero. La relación del doctor Asuero con la villa viene por la propiedad que tenía su familia en el término hoy conocido como el Priorato. Allí, una casa palaciega con blasón pétreo de la familia Churruca, levanta su bella y descomunal mole cerca del Tirón y frente al puente romano. El edificio se conserva perfectamente y es habitado en época estival por los actuales propietarios, que la compraron en 20.000 duros el año 1935, incluido el terreno de 35 fanegas de tierras y cinco hectáreas de huerta. El puente romano fue declarado de interés histórico artístico en 1979.

Cuentan que primitivamente existió aquí el monasterio de San Juan Bautista, tan ligado a la historia de Cihuri, como ya se ha escrito. El hecho es que en el patio de la propiedad hubo cementerio y hoy se puede ver un a modo de campanil en el tajado del palacio.

Toda la zona es de una belleza paisajística purificadora. El campo se alarga hacia la desembocadura del Oja en el Tirón. Su orilla derecha está salpicada de bodegas. Al final, una barandilla metálica y la casa de los Isasi, con su blasón y espléndida bodega de cantería. El arbolado cubre el trayecto del río, y en el mismo cruce existen varias fuentes con propiedades termales. En realidad, Cihuri y su término municipal tiene tal cantidad de fuentes y manantiales que bien podría denominarse la villa de las fuentes.

Al Priorato venía a pasar sus vacaciones el doctor Asuero, cuya familia era oriunda de San Sebastián. La fama del doctor hizo que numerosos pacientes se acercaran al palacio para ser reconocidos por el médico. No sólo de Cihuri, sino de Casalarreina, de Anguciana, de Cuzcurrita, de Tirgo y pueblos limítrofes venían a ser consultados por el doctor Asuero. Y los cihureños, en prueba de agradecimiento, le dedicaron su plaza mayor.

El recinto está pavimentado y es amplio y cuadrangular. La parroquial de San Juan Bautista, de escaso valor artístico, tiene una torre adosada con un chapitel de cemento. Hay un reloj en la fachada que no funciona. Tres arcos de soportal hacen de pórtico. La plaza cuenta con un delicado jardín con bancos, farolas, plataneros y una fuente de tres bandejas en surtidor. La cabina telefónica pone la nota tecnológica en una esquina.

Los edificios que rodean a la plaza son algunos del siglo XVIII, y la mayoría han sufrido modernas remodelaciones.

Cihuri ha conseguido ser centro de atracción turística y veraniega en los últimos años. Se observa una buena parte de viviendas modernas y pequeños chalecitos de verano. El área principal de estas edificaciones se encuentra en ambos lados de la carretera hacia Casalarreina, donde el arbolado, las viñas y un pinar junto a la ribera del Tirón son lo mejor de la villa y su paisaje.

Los cihureños son gente hospitalaria, como corresponde al sentir riojano de esta tierra de paso de peregrinos. Hemos probado mi compañero de viaje y mantel, Pablo Herce y yo, la sabiduría bodeguera de Cihuri. Fue llegar y besar el santo, que dicen. Con Talín y Eliseo catamos el vino cihureño y dimos buena cuenta de una parte del arte cisoria de esta villa. Solamente faltó "Barriocepo", el inimitable Aníbal Zúñiga, de tanta andadura en Nueva Rioja, también compañero de fatigas periodísticas. "Barriocepo" tiene su casita en Cihuri, al pie de una huerta, y en su sección diaria "por la calle" suelta de cuando en vez una muestra de la sorna cihureña, que todo se pega, hermano. Otra vez serás tú el anfitrión. Te cogemos la palabra.

La Corporación Municipal está compuesta por el alcalde CD, Marciano Velasco Arranz, tres concejales de CD y uno de UCD. El presupuesto es de un millón de pesetas. El Ayuntamiento de Cihuri cuenta con un pequeño patrimonio en fincas, pero los recursos están en las cuotas y licencias municipales. Una necesidad perentoria es la ampliación de la traída de agua porque en verano escasea, y dado que el término tiene abundante no será difícil ponerle solución. Una obra también necesaria es la Casa Consistorial, que ya están en ello, y la nueva planificación urbana. La villa tiene en su mayor parte pavimentación y aseo urbano. Lisardo se encarga del servicio de limpieza y, según nos dicen, es el mejor alguacil que ha tenido Cihuri. Un hombre siempre preocupado por el pueblo, servicial y de muy alta categoría humana.

En la escuela, una profesora imparte la primera etapa de EGB a doce alumnos y el preescolar a cinco. La segunda etapa la hacen en Casalarreina.

Cihuri tiene médico, que reside en Haro; practicante, que reside en Casalarreina, y de la farmacia de esta villa reciben los medicamentos.

Los habitantes son de derecho 270 y viven en su casi totalidad del campo. Un campo que proporciona cereal, vino, remolacha y patata.

El párroco es el de Casalarreina.

Celebran las fiestas patronales el tercer domingo de septiembre, las llamadas de Acción de Gracias. Son los días de la danza y de la fiesta de los casados. En el frontón municipal, adosado a la iglesia, se celebran partidos de pelota. Lo de la gastronomía es punto importante a resaltar. A lo típico riojano de las chuletas al sarmiento se le une el chorizo, que se adapta a cualquier receta y es de una sabrosa calidad. Las mujeres cihureñas embotan para el año toda clase de frutas y hacen un gran dulce de higos y de ciruelas.

El Patrono de la villa es San Clemente, el 7 de agosto, pero las fiestas principales son las de septiembre. También el 15 de mayo celebran a San Isidro ya la Virgen de la Esclavitud. Hacen una especie de romería a donde estaba la antigua ermita de la Esclavitud, hoy desaparecida, y en su lugar han construido una pequeña edificación, por si llueve. El término de la Esclavitud se encuentra a unos cuatro kilómetros de la villa, y existen unas cuevas de cierto interés arqueológico.
Cihuri carece de industria. y si en un tiempo tuvo cierta importancia ganadera, hoy sólo quedan dos rebaños de ovejas. Hay dos bares, una carnicería y una tienda de comestibles. Los vendedores ambulantes abastecen de lo demás.

Una hija ilustre de Cihuri fue la famosa concertista de guitarra y bailarina clásica Asunción Granados, que murió en la Argentina, llena de gloria, en la década de los 40. A los 13 años ya había debutado en Madrid.

Y en Cihuri sigue la veta artística en una niña de seis años llamada Laura Alonso, que ha ganado varios premios de jotas y canta como los ángeles.

No puede el viajero despedirse de la villa sin recoger una manifestación tan popular y costumbrista como los apodos. Y en Cihuri los hay. ¿Quién no conoce a Bomba, Pilila, Patato o al bueno de Apagavelas?

Unos 50 kilómetros nos separan de la capital de La Rioja. Volvemos hacia la N-232 y allá queda Cihuri, hecha todo paisaje y la torre del depósito de agua, característica en ladrillo rojo y cilindricular de la villa.

Roberto Iglesias Hevia

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